Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

lunes, 2 de julio de 2012

La brevedad del ser, la eternidad del alma.


(Cientos de pájaros sobrevuelan la azotea chillando. En el centro, NIÑA permanece tumbada  justo en línea que delimita la parte diurna de la nocturna. Su rostro, mitad iluminado mitad en la penumbra, es una máscara de tristeza, ojos perdidos en el cielo, delgada línea dibujando sus labios. En ambas partes el HOMBRE BORRACHO CUENTISTA y NIÑO la observan apesadumbrados)

NIÑO: ¿Qué le pasa?
HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: Algo ocurrió ahí abajo, supongo (señala a la Tierra con un gesto de cabeza) Según me ha dicho, allí ocurren más desgracias que alegrías.
NIÑO: Nunca la había visto así.
HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: (dirigiéndose a NIÑA) ¿Te apetece un trago?

(Silencio)

HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: Eso normalmente la animaba.
NIÑO: Tampoco quiere jugar, ni dice nada.

(Los pájaros graznan, una pluma cae lentamente desde el cielo. NIÑA se incorpora y la coge al vuelo, sopla sobre ella, y la pluma empieza a deshacerse en nuevos pájaros que se van sumando a la bandada que le sobrevuela. Suspira, entre sus dedos aparece una fotografía en la que se dibujan dos rostros sonrientes. La deposita en el suelo, frente a ella. La parte nocturna cubre uno de los rostros)

HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: Ahora entiendo... Una de las mayores desgracias que pueden ocurrir ahí abajo es que alguien a quien queremos se vaya para siempre.
NIÑO: ¿Un viaje del que nunca vuelve?
HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: Un viaje para toda la eternidad, y el cual estamos destinados a realizar todos antes o después... pero solos.
NIÑO: (emocionado) ¿Nosotros también emprenderemos ese viaje?
HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: Ay, crío inocente, nosotros somos otro cantar. Viajaremos a nuestra manera pero cuando ella lo h...
NIÑA: (gritando) ¡Cállate! ¡Callaos los dos!

(Se hace el silencio en la azotea, sus palabras han cruzado el aire como un relámpago, solo los pájaros graznan. El HOMBRE BORRACHO CUENTISTA toma un largo trago de su botella, esta vez whisky español, se pierde un rato en las estrellas, que parpadean más fuerte que otras veces, y respira profundamente)

HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: Yo creo en el alma como esencia en sí misma. Creo que somos más que barro y sangre, que cerebro y ceniza; somos almas. Cada día vamos guardando un trocito de nosotros mismos en ellas, y por eso nos pesan tanto cuando las llenamos de preocupaciones. Un alma es como la espuma del mar: si la ola es débil, la espuma no aparece, pero cuanto más fuerte rompa el agua, cuanto más brille contra el cielo como plata batida, más fuerte será el alma y más lejos llegará.
Nosotros envejecemos... pero no nuestras almas. Nosotros morimos... pero no nuestras almas. ¿Sabes esa sensación cuando nos despertamos en mitad de la noche sacudidos por el vértigo? Parece que nos caemos pero en realidad estamos en medio de la cama, y no hay peligro, ¿absurdo, no crees? Pues hay quien dice que se trata de nuestra propia alma, que emprende un viaje donde ella se le antoja, desprendiéndose de nuestro cuerpo para vivir a través de nuestros sueños. Y ese vértigo, ¿adivinas qué es? Cuando vuelve rápidamente a nuestro cuerpo porque la hemos sorprendido.

NIÑA: ¿Por qué me cuentas esto?

HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: Te cuento esto porque sabes que a M.E también le ha pasado, porque la has visto temblar y has visto cómo su alma emprendía el vuelo lejos del hospital. ¿Recuerdas cuando murió? (NIÑA solloza) Aquella mañana estabas en la terraza, no aquí, sino en la terraza de tu piso. La mañana era insultantemente soleada, hermosa, y los pájaros chillaban demasiado, entrando y saliendo de los edificios abandonados... como hoy. ¿Y sabes dónde estaba su alma? Vosotros ahí abajo no veis ni la mitad de las cosas pero yo sí la vi, su alma había recorrido doscientos kilómetros para estar a tu lado, como lo está ahora y lo estará siempre.

NIÑA: No. Ella se ha ido.

HOMBRE BORRACHO CUENTISTA: (rompiendo la botella de whisky contra el suelo) ¡NO! ¡NO SE HA IDO! ¿Es que no lo entiendes? Ella se aferró a la vida con todas sus fuerzas, intentó combatir la enfermedad hasta el final, y mientras eso pasaba, su alma se fortalecía más y más. Ahora puede llegar hasta donde ella quiera, y creo que te ayudará más que nosotros a seguir luchando, y te enseñará mejor que nosotros a amar la vida... como siempre ha hecho.

(El líquido de la botella vacía serpenteó por el suelo de cristal hasta tocar la mano de NIÑA. Sintió su tacto, suave y caliente, y sonrió)

NIÑA: Compañera del alma...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ese vértigo hasta resulta agradable muchas veces y otras veces hubiéramos deseado que nuestra alma no hubiese retornado a nuestro cuerpo. Eres fuerte Neeze, espero que lo sepas.

Cloud dijo...

Muy bonito lo del vértigo, las verdades siempre lo son. Es precisamente la belleza que sentiste al escribirlo un indicio de que forma parte y actúa como punto de unión y relación de cada norma de esta la gran obra que algunos tratan de separar. Cuando pienso en la niña que finalmente hace de los versos de aquel hombre sabio una narración traducida al lenguaje de su condición, veo la conexión de vida (..alma, flujo, camino)a la que llamamos comprensión, otro indicio que muestra las dos caras opuestas: por una parte un mismo flujo, la vida; por otro, las circunstancias y medidas que la separan en formas aisladas, y la limitan en pedazos de carne sin sentido que buscan la respuesta para poner fin a esta larga espera. De lo que no se dan cuenta (o no nos damos) es que siguen caminando separados. Comprendo esa frase perdida en tu texto: "Según me ha dicho, allí ocurren más desgracias que alegrías" y es cierto, parece que entre los dos opuestos elegimos el segundo (circunstancias y medidas), porque las personas siguen siendo personas en lugar de gente y conforme dividimos, limitamos la gran mente. Este gran ego humano acabará destruyéndonos finalmente. Por eso esta nube hace ya tiempo que decidió perder su nombre, espera paciente a reunirse con las demás y formar una gran corriente.