Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

jueves, 31 de diciembre de 2009

Feliz año =)

Ahí va otro año más. Qué rápido pasa el tiempo, ¿eh?
Antes de nada muchísimas gracias a todos por los comentarios y por leerme. No tenéis ni idea de lo que significa para mí, es tronchante la cara de payasa que se me pone cada vez que leo un comentario nuevo y la sonrisa que me sacáis siempre. Porque para empezar… no sé muy bien cómo conseguí llegar hasta aquí. Hará cosa de un año que decidí crear este blog (no sé qué vena me dio) y después de varias horas de batalleo contra el ordenador y mi simpleza informática conseguí “algo” que dejé abandonado en las redes durante varios meses. Cuando me acordé del pequeñín ya había pasado medio año, me puse a decorarlo con infinita paciencia (qué tabarra me dio el dibujo dichoso de ahí arriba) y sencillamente… me puse a escribir, para desahogarme, para pasar el rato, pensando que nadie me leería, que nadie me comentaría… pero qué equivocada estaba.
Hoy lo pienso y ciertamente crear este lugar ha sido una de las mejores cosas que he hecho estos cuatro meses, y solo me arrepiento de no haberlo hecho antes.
Por eso, hoy, el último día del año, alzo mi copa y brindo por vosotros, por este blog y por todos los demás. Y por supuesto, para que el año que viene sea mejor, colmado de felicidad, salud y mucha literatura… y venga, vale, dinero también, que estamos en crisis. Pasad unas felices fiestas junto a vuestros familiares y amigos y aprovechad cada día como si fuera el último. Porque como dijo Dalai Lama, solo hay dos días al año en el que no se puede tener nada hecho. Uno es el ayer y otro es el mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, creer, hacer y vivir.
No os atragantéis con las uvas y disfrutad de la noche, que hay luna llena. I gotta feeling… (8)

Feliz 2010.

Chin-chin.













PD: Nunca se me dieron bien los discursos.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Aunque viviendo pasara los días


Los amaneceres
que muerden
mi cama
por las mañanas
ya no me despiertan,
tampoco Morfeo deja
que mi piel se enrede
entre las sábanas
como hacía
antes.
Mis huesos
gritan
cuando los clavo
en el entarimado
al levantarme,
y mi cabeza
llora
los suaves licores
de caramelo
que abrasaron la noche
en mi garganta.
Y aunque durmiendo
soñara
[Es como si no hubiera
dormido nada]
Desayuno cianuro
de mierda
y mi estómago me odia
en arcadas.
Cada día lo mismo,
la misma pregunta:
¿Te has tomado la pastilla?
Claro,
claro que me la he tomado,
y la estoy mezclando
con café,
para morir
un poquito más.
¿Sabes? Así las horas
no joden tanto.
Últimamente el ruido
de las agujas
del reloj
es insufrible
cuando retuercen
el día.
Y aunque comiendo
me nutriera

[Es como si no hubiera
comido nada]

Me encanta
enfrentarme al invierno
con duchas
[y luchas]
de agua fría.
Mi corazón
cansado
se desvive
por bombear
la sangre,
y descubre
que no es sangre,
sino veneno,
y se entumecen
mis miembros.
Y después de una hora,
[o un día]
bajo el agua,
todas
y cada una
de las malditas agujas
que se
clavan
en mi cuerpo
se callan
por un momento
y solo me acuerdo
de respirar
cuando noto que empiezo
a desfallecer.
Y aunque
sintiendo
sufriera
[Es como si no hubiera
sentido nada]


Me arranco las ojeras
y decido
qué sonrisa
ponerme hoy.
Ésa me gusta,
parece
que estoy feliz
y todo,
aunque hayan desaparecido
los hoyuelos
de mis mejillas.
Maquillo
mi alma
de mórbidas células
y salgo a la calle
sin abrigo
para no sentir
nada.
Y aunque andando
avanzara
[Es como si no hubiera
andado nada]


Encierro mi tiempo
en un aula,
que no tiene
ventanas.
Araño apuntes
a base de salivazos
de tinta
con gran elegancia,
mientras
los profesores
hablan
[y hablan]
con la voz
quebrada
de cosas
que no vienen
en los libros.
Y aunque aprendiendo
escuchara

[Es como si no hubiera
aprendido nada]



Destrozo
mis pulmones
un poco más,
fumando Black Devil
de chocolate,
mientras
sola,
aun rodeada
de gente,
leo a los grandes
de la literatura
americana
de realismo
sucio,
en un banco
del parque;
y se me congelan
los ojos,
con las miserias
de otros.
Y aunque leyendo
llorara
[Es como si no hubiera
leído nada]


Y cuando llego
a mi casa
me vuelvo
a envenenar,
agarrada
a una puta almohada.
Y al otro lado
de la pared
escucho
sus gritos
de alquitrán,
sus amenazas
y sus portazos.
Y solloza ella
sin saber qué hacer,
en silencio,
para no despertarme,
mientras yo
muero
un poquito más.
Y pienso
que aunque viviendo
pasara
los días
[Es como si no hubiera
vivido nada]

lunes, 7 de diciembre de 2009

El antro (III)

Avanzaron en silencio por un eterno pasillo. Las puertas se cerraban a cada esquina, un laberinto de risas que se perdían tras las paredes como telarañas. Ella cerraba los ojos con el eco de cada portazo, de cada golpe, abandonándose lentamente a la única salida que le quedaba: aquella luz ahogada que venía del fondo del pasillo.
Llegaron a la habitación de él, un habitáculo sombrío de paredes roídas, colores polvorientos y muebles que con esfuerzo soportaban libros clásicos haciendo crujir sus viejos huesos de pino. Había una cama desecha en un rincón, velada por un mullido sillón tapizado en granate, varias prendas de ropa esparcidas por el suelo y una lámpara ennegrecida. El aire era denso allí dentro y hacía frío; olía a tabaco, colonia y alcohol, y la humedad lo envolvía todo como el abrazo de la niebla un día de Londres.
—¿Quién es?— preguntó una voz ronca.
—Una chica nueva.
Hubo un largo silencio
—Hazla pasar.
La mujer la cogió del brazo pero la joven se soltó con rabia y entró en la habitación por su propio pie. Cerró los ojos con fuerza al sentir el portazo a sus espaldas y cuando la mujer hubo desaparecido, respiró hondo, intentando calmarse.
—Acércate— le dijo él.
Ella obedeció y se situó enfrente del escritorio tras el cual él estaba sentado. La luz amarillenta descubrió entonces su rostro, un rostro acartonado y marcado por media vida gastada, con barba de varios días y una mirada enrojecida que cargaba con el peso de más años de los que realmente tenía. Su nariz era recta y delgada; su boca, torcida y de labios gruesos, aprisionaban un cigarrillo a medio consumir.
La miró con indiferencia, recorriendo su cuerpo de abajo arriba, evidenciando las transparencias de la delgada camisa mojada; y cuando llegó a su rostro, se detuvo. Sus ojos marrones brillaron con interés cuando descubrieron la mirada gris de ella, y sonrió al leer el miedo tras su falso desafío.