Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

viernes, 6 de mayo de 2011

Tres.




—Siempre te querré.
—¿Pase lo que pase?
—Pase lo que pase.
Ella clavó en mí sus ojos de mar montaraz.
—Suena a despedida.
—No, tan solo es el comienzo.