Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

viernes, 27 de febrero de 2015

El cóndor


Ya viene el cóndor empapado en hiel,

afilada el ala, embriagado el halo, 

con una herida abierta

                                         de la que asoma

un hombre cantando.



Completamente roja la piel, 

ojos negros y pelo ralo, 

con su risa despierta

                                     niños de

                             los                   la

                         a                            loma

que lo están esperando.



Las manos extendidas hacia él,

los dedos convertidos en palo,

con la lengua descubierta

lanzan                                                                           una paloma

que vuela temblando.


El cóndor la atrapa muy fiel,

clavando en su cuello un cándalo,

de la herida entreabierta

          el hombre toma

la sangre que está manando.



Satisfecho vomita la miel,

que los niños recogen en pétalo,

y con la mirada incierta

                          aspiran su       a  r  o  m  a

para dormirse llorando.