Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

martes, 16 de diciembre de 2014

Tú con tu todo



Yo creo que hay que coger
el coche, la casa, los niños
y tirarlos al mar.
Al cuerno tú con todo,
¿yo? con nada, para ti la cheslong
que tardaste cuatro meses en elegir
y que seguimos pagando en cómodas cuotas
desde hace tres años.
Vuelve al infierno del que saliste
y llévate al perro,
ese chucho escandaloso con rabia,
para que se mee en la alfombra del diablo
y no en la mía.
Llévate la hipoteca,
que la pague tu madre si quiere.
Y todos los potingues que tienes
esparcidos por el baño, por el dormitorio,
por la cocina, por tu cara,
no te olvides de los potingues ni de tu cara.
¿Los niños? Ya te lo he dicho:
échalos al mar, a ver si flotan.
No, el horno déjalo donde está,
es lo único de toda la casa que me da calor.
¿Qué es eso? Eso no es mío,
será del profesor de yoga
tan hippie, tan progre, tan vegetariano,
al que te tiraste en nuestra cama.
Ése al mar con los niños,
a comer algas y shushi, que está de moda.
No me golpees, me he cansado de ti.
A la mierda tú con tu todo:
Con tu teléfono, tu amiga la Luisa,
tus cambios de humor y tus clases de baile
los martes.
Toma la tarjeta, quémala,
compra todo lo que no necesites,
como haces siempre,
y aléjate cada día más de la mujer
de la que me enamoré.
No me grites, no soy yo,
eres tú con tu todo:
tus manías, tus pastillas,
tu fondo de armario.
¿Cuándo cambiaste tu belleza
por el patético intento de la eterna juventud?
¿Cuándo, frívola, asquerosa,
te volviste tan superficial?
No llores, por favor,
eso no; ven aquí,
no me apartes,
soy yo, deja que te abrace.
Lo siento, no eres tú,
soy yo por tu todo.
Ven que te seque
las lágrimas.
¿Mejor? Pues tranquilamente,
y antes de que vuelvas
a ser una zorra otra vez,
explícame cómo escapar

de ti y de este todo.

sábado, 13 de diciembre de 2014

El canario



En el pueblo vivía una anciana que se despertaba todas las mañanas con el canto de un canario. Ella decía que si el canario cantaba, significaba que su hijo el minero seguía vivo. Cuando el canario moría, la anciana lo sustituía por uno nuevo inmediatamente, alegre y sin soltar ni una lágrima, durante veinte años.