Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

sábado, 3 de julio de 2010

Serventesio Icástico

Aparece, primero, hirsuta en viento,
como hecha de nada pero de todo.
Molécula de aire, luego pensamiento;
y más tarde, en el poeta, su éxodo.

Entonces vibra y se forma la musa,
con su cuerpo de fuego azul etéreo,
agitando de besos y espuma infusa
nuestro plectro retórico y venéreo.

¿Cómo si no, se forma una bucólica?
Sino retratando en papel sonrisas
y escondiendo en tinta una pluma alcohólica
que escupa versos de letras precisas.

¿Cómo si no, se forma nuestra vida?
Sino recogiendo instantes al vuelo
y atarlos al tiempo, sin despedida,
allí donde se besan cielo y suelo.

Prender en una noche las estrellas,
morder en un orgasmo la almohada,
aunar en un lienzo figuras bellas,
dormir sobre la arena nacarada.

Zaherir hasta la muerte la esperanza,
llorar hasta que se evapore el alma,
clamar hasta la afonía venganza,
desgarrar la piel y no encontrar calma.

O correr por calles llenas de lluvia,
o de gente, o de coches o crisálidas,
O saborear labios con lascivia,
o miel endulzada, o cerezas ácidas.

O fumar, o ahogarse los pulmones,
o los oídos, o las venas o la sangre.
O beber, o inundarse los riñones,
o ver el agrio sabor del vinagre.

Y reír, y llenarse así la boca,
y sentir, y tiritar de placer.
Y acariciar la canícula tosca,
y desabrigar un atardecer.


Y mentir, y engañar a la mañana,
y sentir celos, y odiar a la noche.
Y despertar con manos de ancïana,
y tener miedo, y un latir azabache.

Y ser capaces de aplastar miradas,
y poder con ello entender el mundo,
para escribir, con palabras afiladas
que has visto un paraíso nauseabundo.

¿Qué es entonces la vida, mi musa?
Verbos, un acontecer axiomático.
Epítetos de una causa difusa.
Ironía, como este poema icástico.