Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

miércoles, 19 de octubre de 2016

Al acecho del otoño


Un temblor en los labios
el crujir de las hojas en el pelo
tú tan roja jilguero en su nido
yo tan insoportable nostalgia naranja.
¿Viniste? 
El otoño se me echó encima
y no sé si puedo seguir recordando
tu boca de vino, tu cuello como de abedul
tus pestañas que eran abubillas 
postradas ante la lluvia inminente.
Hay un resquicio en mi memoria
¿Vienes? 
De la separación de hemisferios
se escapa el espacio entre nuestros labios.
Esa micra divina que falta, ese sinlatir tardío
me parece la caricia de un animal
que apenas respira.
¿Vendrás? 
Recuerdo que te llamé a gritos
y tú me miraste abriendo mucho los ojos
con agazapado lomo tenso 
moteado por un breve sol.
¿Te vas?
Llueve. Un ciervo huye
hacia las montañas.

1 comentario:

TORO SALVAJE dijo...

El ciervo se escapó por el final del poema.
Una huida gloriosa.
Me ha impactado.