Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

miércoles, 1 de junio de 2016

La mano de los dioses.

El Cristo de los gitanos. Fotografía de Jessica Lavera.

Fuimos los partícipes del suceso
que desmitificó a nuestros dioses
con la proclama de la verdad.
Nadie dijo nada de la mano 
que acariciaba nuestros ojos
con tan poca delicadeza.
¡Y era una mano tan separada!
A los ídolos les moja la lluvia,
a los hombres el sudor en los hombros.
El último que dijo aquello de que Dios ha muerto
fue hendido por un rayo
delgado y rojizo como el azafrán.
¿De dónde viene tanta oscuridad?
La noche cruza las plegarias
como una estrella sibilante y fugaz, 
trece clavos en total
[y ninguno la muerte
La mano separada late los tambores con fuerza.
¡Mirad! ¡Un mesías ha nacido!
Contemplemos juntos
el comienzo de las razas.

4 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Los Dioses nos abandonaron.
Y yo los entiendo.
Yo hubiera hecho la mismo ante tal descalabro divino.

mailconraul dijo...

Inventemos dioses sin ropa interior o un ligero desparpajo por las prendas intimas. ¿Qué humanidad sacrifica a un "dios" y luego lo exhibe en procesión? Tergiversamos las palabras y oramos ante altares con iconos de santos.

liri Bloguera dijo...

ya estoy en su blog y ya tiene una seguidora mas
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Iosune De Goñi García dijo...

Las manos oscuras de los dioses (y, sin embargo, siempre he pensado que las de las diosas son blancas). Pero es cierto: están atravesadas por un rayo delgado y rojizo.