Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

jueves, 12 de mayo de 2016

El cumpleaños




Las paredes de la habitación están pintadas de un glauco iluminado. Un hombre respira lentamente tras la cortina. Está despierto, pero no oye llegar a su hijo.
—¿Papá?
El anciano, desconcertado, lo busca con la mirada vidriosa. Lo primero que ve es una sombra que se recorta contra la ventana; lo segundo es la tarta y la vela prendida que sostiene entre sus manos. Sonríe con las encías.
—¿Quién cumple años? —pregunta con voz de herrumbre.
—Tú, papá, muchas felicidades.
El rostro del anciano desaparece entre las arrugas al reír. El hijo sopla la vela y le habla de sus nietos, del trabajo, del estupendo día que hace y de los almendros que tienen en el pueblo. «Que ya es primavera, que ya les ha salido flor» le dice.
El anciano lo mira como si fuera la primera vez, luego mira la tarta.
—¿Quién cumple años?

8 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

No tienes piedad eh...

Ya te voy conociendo.

Besos.

Óscar Sejas dijo...

Me pareció entender en lo que escribiste que era una persona con algún tipo de enfermedad de la memoria, Alzheimer o Demencia. He investigado y parece que los autorretratos son de William Utermohlen y me he acercado un poco a su historia.

Me encanta descubrir la historia de alguien a través de otra historia.

Es una enfermedad muy cruel, según la OMS en el 2050 afectará a 135 millones de personas siendo la enfermedad más extendida del S.XXI por lo que me temo que muchos la padeceremos o la tendremos cerca.

mailconraul dijo...

Pictóricamente, me agrada la evolución (o la involución). En lo que se podría entender como un regreso a un aborto espontaneo -el retrato del alma incipiente-, al final casi podemos distinguir la encogida forma de un pene, la alargada consecuencia del arte en su retorno al origen, la humanidad acompañada de la enfermedad.

Gerardo Vázquez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gerardo Vázquez dijo...

Demoledora historia. La ilustración que abre el relato también lo es; gracias a Óscar por el apunte, investigaré sobre el tal Utermohlen.

Como dijo el poeta, el olvido es la verdadera muerte.

Saludos.
(He eliminado el comentario anterior para editarlo, una de las cosas que más me carga de blogger)

mukali dijo...

Relato inquietante como el afán de ese pintor por entenderlo todo. Debe ser horroroso perder la memoria, quedarte desnudo sin saber quién eres. Como en muchas enfermedades mentales hay momentos de lucidez, seguro q al encender las velas ese instante pequeño y casi fugaz le llego a su recuerdo.

Besos, Laura.

Guillermo Soto García dijo...

Está tan bien escrito que uno se ve inmerso en el relato.
Me encantó.
Saludos

Martina dijo...

Me parece increíble tu blog!!! Tal vez te guste el mío. Saludos
www.elmarenunatina.blogspot.com.ar