El antro (V)

Ella cerró los puños con fuerza y enredó entre sus dedos las mangas de aquella camisa mojada que tan grande le quedaba, que despertaba en ella recuerdos inflamables. Respiró hondo, ligeramente mareada; la tela se le pegó más a la piel reclamando una identidad propia y no aquel cuerpo tembloroso y exiguo lleno de huesos. Él siguió con la mirada las gotas de lluvia que caían sobre la alfombra, bajó la mano por la mejilla de la joven hasta llegar a los labios, los selló levemente con el pulgar y siguió descendiendo. Dibujó con una caricia áspera el contorno de su barbilla y su cuello, repasó la forma de sus clavículas y se detuvo en el primer botón de la camisa. Lo desabrochó. Y siguió bajando. Botón tras botón. Recuerdo tras recuerdo. Sueño tras sueño. Se volvió a detener en su cintura, jugueteó con el antepenúltimo botón y, con una sonrisa en la mirada, desgarró la tela.
Ella se sobresaltó. Se agarró al pico de la mesa con una mano y contuvo la respiración. Pero no se cubrió ni tuvo intención de hacerlo en ningún momento. Completamente desnuda, aguantó la mirada de su dueño con una calma rota mientras él se acercaba y la besaba.
—Sabes a salitre —dijo.
Ella no contestó. Cerró los ojos cuando él fue descendiendo de nuevo por su cuello, esta vez con la lengua y no con las manos; divertido como un niño al que le han traído un juguete nuevo. La cogió por las muñecas y la tumbó contra la mesa. Los vasos cayeron al suelo y el coñac se derramó sobre la camisa desgarrada y el agua fría. La siguió besando, lamiendo, mordiendo como un perro sediento contra la sufrida madera. Luego la soltó, retrocedió varios pasos y la contempló derrumbada.
Los primeros rayos del amanecer empezaban a colarse entre el polvo y el esqueleto de las persianas, envolviéndolo todo en un naranja pálido, en un color y una nota a los que nadie puso nombre antes porque nunca antes fueron. La joven yacía morena y de nácar, con sus pequeños pechos sacudidos por la respiración entrecortada; el vientre liso hundido, cuatro costillas a cada lado, ojos verdes perdidos en el techo.
—Dulce y salada al mismo tiempo —murmuró él— Te llamaré Mar.
Cogió la camisa empapada en cristales rotos de alcohol y se la lanzó a la muchacha. Luego salió de la habitación dando un portazo.
qué frivolidad!, hasta donde llegará esa chica?, muchas ideas que deben ser analizadas, y seran resueltas cuando el relato vaya llegando a su fin...
ResponderEliminarqué raro tu escrito,...
=/...
´
ResponderEliminarMar es un nombre precioso, abarca tanto sentimiento...
ResponderEliminarEstoy deseando saber qué le ha llevado a venderse.
Un beso, esperaré ansiosa la continuación!
Preciosa foto e increíble texto, como siempre.
ResponderEliminar¡Un beso enorme!
Te dejo el mismo texto leído.
ResponderEliminarEstremecido... es la palabra.
ResponderEliminarmagnifico como todo lo que e leido en este blog :D
ResponderEliminarun besito
Imagine cada palabra de este escrito.. Felicidades
ResponderEliminarhttp://loqueescribosobreti.blogspot.com/
No me queda más remedio que regresar, y confesarte que intuyo a Mar como mi inmediata heroína.
ResponderEliminarUn beso.
un cuadro imborrable...la lluvia y la mujer que espera.......
ResponderEliminarRecordaba haber leído la primera parte del antro, pero las siguientes habían pasado por tu blog sin hacerlo por mi retina, así que me he puesto al día releyendo y leyendo todo lo necesario :)
ResponderEliminarSeguramente ya lo haya dicho en otra ocasión pero es que me encanta tu forma de redactar y el vocabulario que utilizas, no sólo en este relato si no en todo lo que escribes.
Haces que una se meta hasta el final entre esa camisa húmeda y esas caricias burdas.
Quiero leer más de Mar, quiero saber qué le pasó, por qué no ve más salida en su mundo, por qué recurre a esa solución.
quiero saberlo todo!!!
Sublime como siempre...
ResponderEliminarEsta nueva entrega me ha hecho releer todas las partes seguidas.
Y la verdad es que siempre tengo palabras para describir... pero esta vez quede mudo y sin encontrar las palabras que describan a la perfección tu manera de escribir.
Sabes que tienes en mi un fiel admirador y un adicto a tus palabras que desearía leerte más.
Un abrazo
Guauuuu¡¡¡ estaba tan traquilo sexualmente que ahora voy como una moto jeje
ResponderEliminarBesos sin crisis
que gran texto :)
ResponderEliminary me gusta la foto.
echare de menos tus textos,un besazo.
quiero saber cuál es su nombre de verdad.
ResponderEliminarSí, lo digo horas después, así de intensa eres, que sigues en mi inconsciente incluso después de haber leído y digerido lo que dices!
Este fragmento de tu relato me ha motivado a leer los predecentes. Me vuelves a... me trae aromas del mejor Murakami... pero es distinto, como lo diría es muy... neeze
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