Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

lunes, 7 de diciembre de 2009

El antro (III)

Avanzaron en silencio por un eterno pasillo. Las puertas se cerraban a cada esquina, un laberinto de risas que se perdían tras las paredes como telarañas. Ella cerraba los ojos con el eco de cada portazo, de cada golpe, abandonándose lentamente a la única salida que le quedaba: aquella luz ahogada que venía del fondo del pasillo.
Llegaron a la habitación de él, un habitáculo sombrío de paredes roídas, colores polvorientos y muebles que con esfuerzo soportaban libros clásicos haciendo crujir sus viejos huesos de pino. Había una cama desecha en un rincón, velada por un mullido sillón tapizado en granate, varias prendas de ropa esparcidas por el suelo y una lámpara ennegrecida. El aire era denso allí dentro y hacía frío; olía a tabaco, colonia y alcohol, y la humedad lo envolvía todo como el abrazo de la niebla un día de Londres.
—¿Quién es?— preguntó una voz ronca.
—Una chica nueva.
Hubo un largo silencio
—Hazla pasar.
La mujer la cogió del brazo pero la joven se soltó con rabia y entró en la habitación por su propio pie. Cerró los ojos con fuerza al sentir el portazo a sus espaldas y cuando la mujer hubo desaparecido, respiró hondo, intentando calmarse.
—Acércate— le dijo él.
Ella obedeció y se situó enfrente del escritorio tras el cual él estaba sentado. La luz amarillenta descubrió entonces su rostro, un rostro acartonado y marcado por media vida gastada, con barba de varios días y una mirada enrojecida que cargaba con el peso de más años de los que realmente tenía. Su nariz era recta y delgada; su boca, torcida y de labios gruesos, aprisionaban un cigarrillo a medio consumir.
La miró con indiferencia, recorriendo su cuerpo de abajo arriba, evidenciando las transparencias de la delgada camisa mojada; y cuando llegó a su rostro, se detuvo. Sus ojos marrones brillaron con interés cuando descubrieron la mirada gris de ella, y sonrió al leer el miedo tras su falso desafío.

8 comentarios:

lis.en.silencio dijo...

Y yo no puedo evitar sonreír cada vez que leo tus comentarios, que me llegan en momentos verdaderamente oportunos.

Muchas gracias, en serio, y debo decirte que es recíproco porque me encanta todo lo que escribes. Espero que cuelgues pronto la cuarta parte de "El Antro"

:)

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

Me sorprendiste con tus palabras, creo que inmerecidas, pero igual me las apropiaré para disfrutarlas con la sonrisa que me sacaste, besos...

Dana O'hara dijo...

pobre... me gustaría abrazarla tan fuerte :(

me ha encantado la descripción del lugar.

Djuna dijo...

en un lugar asi deben estar guardados los recuerdos, pero esa clase de recuerdos que tuercen la mirada.

Daniel HB. dijo...

suspenso....en ascuas..de qué hablaran?

OjosMiel. dijo...

Leer miedos es muy muy difícil. Supongo que por eso hay tanta soledad en este mundo.

Bea dijo...

¡Qué mundo este!, grumete mía, de muda tortura, prisiones de carne y finales inminentes.
Siempre me quedo con más ganas de tus letras; las mismas o más que las que contiene él de querer abrirse paso para moldear a su antojo esa silente mirada gris. Cree que puede hacerlo, cree que el desolado tiempo no dejará de abrir las heridas de ella y él será quien ganará, pero yo quiero pensar que aún nacen cientos de sueños de terciopelo en la fluada línea del mar de la inocencia bajo esa delgada camisa mojada...

Hablas tú de artistas mi grumete...y en ese preciso barco, hay intercambio de papeles. He de llamarte capitana cuando pase por este rincón tuyo, porque aunque por ahora, sólo pueda ser así, en este hueco que tú misma creaste: eres la dulce luz que transita sin dueños las mañanas, dejando ocultos en rastrojos tantos años heridos, y eres libre para poder volar sobre ese paisaje de horizontes sin puertas ni fronteras...

Un abrazo muy grande.

Daniel Brun dijo...

Perfecta descripción, que consigue helar la mas leve sonrisa, erizar el vello y apenas contener una lagrima... Letras que no superan la realidad... tan solo la describen como es.Realidad cruel,tensa, despreocupada, creando belleza de lo mas oscuro y sucio.
Te repito lo de siempre, eres una reina haciendo descripciones y sabes crear una atmósfera en todos tus textos que ya quisiéramos muchos. Y ,como siempre ,consigues tenernos comiendonos las uñas y tratando de imaginar como continuará, al mismo tiempo queconsigues hacernos temer porque esto pueda acabar en cualquier momento.

Un beso y muchas gracias por tu comentario, por cosas así,y personas como tu, merece la pena seguir escribiendo.