Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

lunes, 29 de mayo de 2017

Amapola


Pareces una amapola que me crece
distraída e inesperada
en cada esquina, tan puta
como las malas hierbas.
Me dicen que te arranque de mí
y de mis campos,
que me estás enfermando
con tu cricri incesante.
¡Que no!
Quitarle la vida
a algo tan rojo...


1 comentario:

gato dijo...

Pues mira, hasta que no he leído este poema no me he dado cuenta de lo procaces que pueden resultar las amapolas: putañeando, descaradamente, sobre la tela de cualquier paisaje.

Un saludo.