Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

lunes, 3 de abril de 2017

La soledad de las montañas colosales

Para sentirse como una montaña hay que ser
como una montaña grande y fría
como una montaña inamovible
como una montaña un estornudo de nieve
inabarcable para el tiempo.
Para ser como yo basta
con ser humana una piel frágil
de humana un instante inevitabe y breve
como una humana cosita triste
que se desmenuza entre los dedos
correosos de la muerte.

2 comentarios:

Guillermo Soto García dijo...

Maravilloso, me gusta.
Saludos

mailconraul dijo...

Las minudencias acaban socavando la roca.