Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

sábado, 17 de diciembre de 2016

Carpa Diem


Era necesario volver. La mía era una bestia diletante cansada de dormir; la tuya era grande y estaba por crecer. Las dos necesitaban ser heridas desparramadas en una habitación de hotel, un reguerillo de sangre que cuelga del nórdico para desquitarse. Era necesario volver para volverse a sentir. La tropelía de tus dientes que moran contra mí, el morado y amarillo de mi piel de ocelote ofendido, la dulce violencia de unas manos que maniatan y sujetan las ganas de.
no sé. Dos bestias que luchan.
A veces se me olvida que la vida ensucia, que escupe y tira como los borrachos a aquella sirena de Neruda. Y no hay nada que hacer, nada excepto abrir las piernas y contemplar el brillo que deja tu saliva. Y de ver cómo te mueves desnuda, cómo ondea la carpa enfurecida que nada en tu cadera, siempre luchando contra el agua y las dudas. ¿Qué voy a hacer contigo? Échale imaginación, y un par de galgos con hambre. Lo quiero todo en los huesos, con ladridos secos y calientes. Deja entrar a la lluvia, que se está matando contra los cristales, que moje a las bestias dormidas y diletantes, que las despierte entre barro y señales. Ahí, sí. Sigue. Así sí, asir también. Para. La bestia suelta un murmullo por lo bajo. El roce con las sábanas quema, enciéndete ese cigarrillo. A veces se me olvida lo necesario que es un descanso. Ser joven un rato, dar una calada simple y profunda. Me he prometido a mí misma no volver a pasar nunca tanta sed. Primero el latido, luego el picor, por último las olas. La mar salada. La sirena se ahoga. Su grito contra las rocas, contra mi boca.
A veces se me olvida que la vida es sucia y la suciedad necesaria. Y no hay nada que hacer, nada excepto abrir las piernas y confiar. Yo confío en que el amanecer llegue pronto y los servicios de limpieza tarde.
Siempre es necesario volver.

Y toda esta hambre.