Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

viernes, 19 de febrero de 2016

Armada



Si permitieran las armas en este país
yo me armaría hasta los dientes
para protegerme de ti.
Me compraría algo que sea negro
y suene ruso,
un kalashnikov, quizá.
La muerte no entiende de idiomas.

A ti no te hace falta licencia, ni armas
que tengan negro ni suenen ruso.
Bastaría una mirada tuya,
una palabra, una sonrisa curva,
una caricia, un quizá,
para quitarme la vida.

La muerte tampoco entiende de ti.

7 comentarios:

Elu dijo...

Me encantó. Estuve leyendo tus textos, y la verdad, me pierdo en tus letras. Me encanta como escribís.

Un beso grande.

spacedementiainyoureyess.blogspot.com
:)

Eme dijo...

Para protegerte mejor un chaleco, de kevlar, que también suena a ruso. Si te disparan al corazón no habrá caso. Pero cuida tu cabeza :)
Me gusta como escribes.
Besos.

Xan Do Río dijo...

Me gusta esto, gracias por escribir, me daré una vuelta.

Siénteme dijo...

Te creía más valiente.
Igual esa muerte es lo más cerca que estás de la vida.

Un disparo.

Sweet Madness ❋ dijo...

uff me encanta como escribes chica *-* me quedo para leer más

Un besoo.

Jonathan Ulloa dijo...

Fenomenal.

mailconraul dijo...

Las armas no son nada comparadas con la lencería, sólo hace falta querer morir donde se ciñe el tejido.