Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

jueves, 22 de enero de 2015

Miradas



Ella escondió todos los espejos de la casa. Lo que no sabía era que cientos de ojos la observaban por la ventana.

1 comentario:

Ernesto. dijo...

Podría suceder aquí algo parecido... Escribes... bien... No es difícil leerte... y hasta entender. Pero comentar, al no depender de ti y sí del otro, puede que nos resulte algo complicado.

Aún así tomo nota y me propongo seguirte... ¡Veremos!

Un abrazo, Laura.