Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

sábado, 13 de diciembre de 2014

El canario



En el pueblo vivía una anciana que se despertaba todas las mañanas con el canto de un canario. Ella decía que si el canario cantaba, significaba que su hijo el minero seguía vivo. Cuando el canario moría, la anciana lo sustituía por uno nuevo inmediatamente, alegre y sin soltar ni una lágrima, durante veinte años.

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