Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

miércoles, 12 de febrero de 2014

La vida en el mar

    "No hay nada más seductor y esclavizante que la vida humana en el mar” Joseph Conrad


Un escarabajo deja sus huellas en staccato sobre la arena, las cigarras cantan haikus sobre los matojos que se mecen por el viento. No hay ni un pedazo de cielo sin cubrir de un gris semejante al que deja el humo de los cigarros.
Los mosquitos se arremolinan a mi alrededor, mi piel está pegajosa por la humedad. Las gaviotas extienden sus alas todo lo que pueden para planear sin moverse del sitio y en las azoteas las sábanas blancas parecen querer imitarlas con alas de barro.

Los gatos trepan por las ruinas del viejo hotel que viste con redes, se esconden cada vez que pasa por allí el faro con sus pasos estruendosos. Las altas palmeras bailan una polka inventada por algún loco, oscilan de un lado a otro sin moverse nunca del sitio, como las gaviotas.
Trepo por las dunas, la marea está alta y miles de algas se arremolinan en la orilla por no escuchar las batallas del viejo mar azul claro. Urano debió fecundar de nuevo las olas blancas y espumosas para que nacieran las palabras.
¡Ha del barco!
¡Ah, soledad!

Me llega una desgastada botella del mar. Dentro solo hay café y una nota que dice escúchala.

A lo lejos, la ciudad; por encima, las montañas a punto de nieve.

Puede que aquello fuera la bocina de un coche en un atasco,
Puede que esté sonando la estridente salmodia de una sirena,
Puede que aquello fuera un pobre borracho gritando,
Puede que esté lloviendo sobre paraguas y pena.

Pero yo no oigo nada con el arrastrar del escarabajo
con el recitar de las cigarras, con el gris de los cigarros,
con el zumbar de los mosquitos que vuelan bajo,
con el planear de las gaviotas ni las sábanas de barro.

Parece que suenan las risas enlatadas de una televisión,
parece que un perro es perseguido por niños con palos,
parece que un viejo está muriendo solo en su habitación,
parece que un bebé llora en la habitación de al lado.

Pero yo oigo el trepar de los gatos y el paso del faro,
el bailar de las palmeras al ritmo de la canción de un loco,
las viejas batallas contadas por el mar claro,
el eyacular de Urano sobre el agua que toco.



¡Ha del barco!
¡Ah, soledad!



A la mar me voy, mis hechos dirán quién soy.

2 comentarios:

lara dijo...

Escuchala...
Genial
Bienvenida

Kiley dijo...

Qué bonito que vuelvas