
Siento en mi mejilla el aliento húmedo de una lengua caliente y áspera. Cuando abro los ojos me encuentro con los de un gato negro que me mira a través de delgadas pupilas y ámbar. Me levanto sobresaltado, y el gato, ágil y ligero, salta de mi pecho al suelo en terrible silencio. Sin perder de vista al animal, me sacudo la tierra que se me ha quedado adherida a la ropa. Mis dedos topan con algo pegajoso y tibio, una mancha oscura con reflejos escarlatas.
—Sangre… —susurro.
El gato me mira con las pupilas más contraídas que antes, parece que esté sonriendo. Con enferma lentitud se relame los bigotes y me enseña, burlón, sus dientes bañados en sangre. Después desvía su mirada y divertido, la dirige hacia algo que hay detrás de mí. Me doy la vuelta y me encuentro con una veintena de gatos negros que rodean algo. Empiezo a sentir el miedo renacer dentro de mí mientras me acerco con cautela. Los gatos se alejan a mi paso y me miran con la misma sonrisa callada del primero, relamiéndose todos, en idéntico gesto, la sangre del hocico.
Entonces lo veo, un feto pequeño y rosado que, envuelto todavía en su placenta de líquido amniótico y sangre, late débilmente contra el asfalto. Está lo suficientemente desarrollado como para distinguir sus rasgos, es una niña de mirada brillante y piel clara. Pero está muerta y llora desconsoladamente mientras los gatos, hambrientos, le maúllan a la media luna que decora el cielo.
Me encanta la nueva estetica de tu blog... y lo que has escrito desgarra... de eso se trata... no?
ResponderEliminarCómo te admiro, clone. Cada vez que entro lo pienso! Escribes tan fabulosamente... no lo dejes nunca.
ResponderEliminarA ver si hablamos algún día! un besazo :3
El "terrible silencio" de la sala se rompió con la música de tu blog, y la lectura ha resultado impactante. Casi reveladora. Gatos, gatos.
ResponderEliminar(sin palabras, así, sin más)
ResponderEliminarPrecioso ^^
ResponderEliminarSobrecogedor...
Y con una imagen perfectamente adaptada :)