Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

miércoles, 6 de octubre de 2010

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Despierto.

De mi garganta arranca un grito que se entremezcla con un sollozo afónico y mi corazón bombea sangre como un animal enloquecido.
Sólo ha sido una pesadilla.
Miro a todos lados y se me escapa una risita histérica: ya no estoy en mi casa. Ante mí se extiende un campo infinito de trigo ahogado por el cielo azul. Ni una sola nube cubre el horizonte, a un lado brilla el sol y al otro se asoma una delgada uña de luna en cuarto creciente. Un grillo canta oculto entre la tierra y a lo lejos un cuervo alza el vuelo.
Frío. Extiendo los brazos en señal de rendición y me dirijo a mi imaginación con una rabia desesperada.
—¿Y ahora qué? —Le grito al cielo.
—¿Y ahora qué? —responde una voz a mis espaldas.
Cuando me doy la vuelta me encuentro con ella sentada en la rama de un árbol que acaba de nacer del trigo. Lleva el pelo recogido en dos trenzas y me mira como una niña extrañada balanceando las piernas desde su trono. Los huecos que forman las hojas del árbol filtran la luz con pereza, trazando en su rostro claroscuros verdes que contrastan con el amarillo del suelo.
—No es real —murmuro.
—No es real —repite ella.
—Esto no puede estar pasando —barro con la mirada todo el paisaje, el trigo se extiende hasta el infinito, mezclándose con el cielo, y es imposible saber dónde termina uno y empieza el otro— Es absurdo.
—Pero está pasando. A veces no hay nada más absurdo que una irrealidad que ocurre, el miedo a lo foráneo y la imposibilidad de saber si es real o no. En cualquier caso, si se trata de engaño, siempre podrás despertar después.
Frío. Abro los ojos y me encuentro con que ella ha desaparecido. Ya no hay árbol, ni cielo, ni trigo, ni grillos. La nada lo cubre todo como un manto sempiterno de vacío que carece de sonido, color y aire. Sólo hay nada y frío.
Me entra vértigo.
A veces no hay nada peor que la nada.

8 comentarios:

gato dijo...

Te prometo que el relato me ha dejado angustiado. He salido de él sin encontrar alivio alguno.
Pero es estupendo.
Un besso.

Li..* dijo...

Buf me ha encantado. muá

Clementine dijo...

Como despertar de un sueño que no quieres que nunca acabe. Esa impotencia es la peor del mundo..

Consabida Vehemente dijo...

De una forma u otra, todos estamos atrapados, ya sea en la realidad o en el sueño. Lo peor es que, a veces, las dos resultan igual de inmanejables.

Te superas con cada línea, niña, y siempre aprendo de ti alguna palabra que desconocía :)No dejes de alimentar esa cabecita tuya. Besos!

·Êl düêndê (¡n)fêl¡z· dijo...

A veces no hay nada peor que despertar de un sueño y ver que no es real.

A veces no, las excepciones son pocas. La nada es capaz de borrar el rastro de absolutamente todo si te descuidas...

Se me trabaron las palabras. Un besito

Dara Scully dijo...

(le traigo galletas, para que se le quite el susto)




y comida
para tus
peces

David dijo...

Antes no teniamos casi nada, pero ahora tendremos menos que nada.

beso

Goodbye Clarice dijo...

Surreal. Mágico. Opiáceo.

Mi ausencia me ha impedido ponerme al día con tus textos. Ahora he vuelto y me ha encantado reencontrarme con ellos, Neeze :)

xxx
Clarice