Tal es, en resumen, esta vida bohemia.

Vida de paciencia y valor, en la que sólo puede lucharse revestido con una resistente coraza de indiferencia a prueba de necios y envidiosos, en la que no se debe, si no se quiere tropezar en el camino, abandonar ni un solo instante el amor propio, que sirve de bastón de apoyo; vida encantadora y terrible, que tiene sus victorias y sus mártires, y en la que no debe penetrarse más que cuando se está dispuesto a padecer la implacable ley del vae victus.
H. M

lunes, 15 de febrero de 2010

El antro (IV)

—¿Cómo te llamas?
Ella permaneció silente pero con la mirada congelada y fija en las retinas envenenadas del proxeneta. Él fingió un gesto de sorpresa y se reclinó en su vieja butaca, sonriendo.
—Oh, ya veo —dijo— no tienes nombre.
Se levantó con esfuerzo y rodeó la mesa hasta situarse a un metro de la joven.
—No, espera, lo tienes, pero no lo quieres. Forma parte de tu pasado, ¿verdad? Es para ti una palabra gastada de dolor, un hervidero de recuerdos, de esos que queman. Porque un nombre…un nombre solo cobra significado cuando alguien lo pronuncia, ¿no crees?
Con parsimonia cogió una botella de coñac y la abrió. Pegó su nariz al vidrio y olió con placer el fuerte licor, dejando una pequeña huella de vaho en el cristal.
—¿Quieres? —sin esperar respuesta sirvió dos vasos y le tendió uno a la muchacha— tranquila, no mata —sonrió— al menos no mucho.
Ella siguió sin decir nada, bajó la mirada al fondo de su vaso y después la dirigió al vaso de él, cuyo contenido se agitaba como las olas de un mar embravecido chocando contra su garganta. Dejó de beber y con un fuerte suspiro y los ojos brillantes continuó hablando.
—Apostaría todas esas putas que tengo ahí abajo a que tu nombre ha sido pronunciado demasiadas veces. Por eso huyes, ¿no es así? Huyes de tu vida, de tu nombre, de su significado y de todos aquellos que lo pronunciaron. ¿Qué has hecho, niña mala? ¿Te juntaste con quien no debías? —riendo— Sí…sí. Conozco a muchas que han pasado por lo mismo: Marta, Lola, Ana… pero todas tienen nombre, se lo puse yo. Este lugar es maravilloso, ¿eh? Entras acojonada, sin nombre, sin pasado, sin nada ni nadie, casi desnuda —le acarició una mejilla, ella se estremeció al contacto de sus ásperas manos— mojada… Y sales de aquí con un bonito nombre, un trabajo y…Bueno, muñeca, para qué engañarnos. No sales.

10 comentarios:

la chica de la Vespa roja dijo...

Vaya, me has hecho sonreír por un instante, más aún cuando he escuchado a Ludovico al entrar en tu blog. Las ilustraciones son preciosas.


Gracias.

lara dijo...

la historia me encanta... ¿La ilustración es tuya?
besos de colores

Damatista dijo...

me he enganchado! jeje un saludilloo

Daniel Brun dijo...

Menos mal ... se hizo larga la espera para poder volver a leerte y deleitarse de cada palabra que tu mano escribe.
Gracias porque ya necesitaba leer algo tuyo.
Me encantó el final de este texto. la frase final lo hace perfecto y hace que sea perfecto como sus anteriores partes. Te felicito.

Gracias también por tu comentario... No dejaré de escribir, menos con ese mensaje de apoyo que me dejaste, nunca fue mi intención dejar de escupir palabras.... me alegro y deseo que tu tampoco lo dejes nunca. Tú sí que tienes talento.

Un beso

bohème dijo...

estaba deseando volver a leerte, lo bueno se hace esperar no? me encanta.

Akhnu dijo...

Me encanta, pero es demasiado poco... cada vez que pones un fragmento nuevo tengo que retroceder en el tiempo y mirar dónde se había quedado la historia :( Deberías de hacer textos más largos o que al menos tengan en sí mismo un "final".

Me ha gustado esta frase por otra parte "Y sales de aquí con un bonito nombre, un trabajo y…Bueno, muñeca, para qué engañarnos. No sales."

P.D: dicen por ahí que nos has abandonado.

Goodbye Clarice dijo...

Terroríficamente delicioso.

Daniel dijo...

Me gusta como escribes y tienes un gusto musical excelente, te felicito,agradeceria tu visita por mi blog:
http://katatondaymonaeaytoy.blogspot.com/
saludos.

Verónica (peke) dijo...

Como solo tu sabes, escribir...

besotes de esta peke.

pd. te espero por mi rincon con tu taza de cafe caliente, siempre que quieras...

Bea dijo...

Tu literatura es exquisita grumete.

Él quiere ponerle nombre, ella no quiere pronunciar el suyo, presa quizás del pánico pensando que el hecho de darlo a conocer bastará para desnudarse por completo y no ropajes; aunque no sea del todo cierto.
Él ya le asegura su futuro en ese asqueroso rincón, le vaticina no salir jamás...lo que posiblemente no advierte es lo que esconden sus ojos, sólo caminando a través de su pupila podría llegar a ese lugar que está intacto y ni siquiera su dueña reconoce.
Lo que sí tiene claro es que no va buscando que le cambien el nombre, quizás tan sólo que le cierren los ojos, pues sólo así podrá lograr ver.

Besos, mil.