Las cinco heridas

La inspiración del despecho. 
Fotografía de Jessica Lavera


Cuentan que era de noche y que el tiempo no existía cuando Dios se sentó a contemplar el universo.  Viendo que le faltaba algo, dejó de exornar el mundo con palabras y pasó a crearlo con las manos. Entonces se hizo el tiempo, la vida, el deseo y la muerte, como cuatro heridas certeras que rasgaron su horror vacui. A partir del barro lactante de la tierra moldeó al primer hombre para que amamantara de su obra dando gracias, y lo dejó a salvo en una cuna donde no existía el dolor, pero sí las necesidades. Adán no tardó mucho tiempo —recordemos que ya existía el tiempo— en necesitar a alguien con quien compartir aquel silencioso jardín, así que Dios lo durmió, y ayudándose de un hueso de su cabeza, moldeó a la primera mujer.
La primera mujer era muy inteligente, pero también altiva, prepotente y manipuladora. Trataba a Adán con desprecio y sempiterna superioridad, y mediante este continuo maltrato sometió al primer hombre, que aprendió lo que era la muerte —recordemos que ya existía la muerte— y el sufrimiento. Tras ver aquello, Dios la castigó y, dándose cuenta de su error, volvió a dormir al maltrecho Adán para moldear otra mujer a partir de un hueso del pie.
La segunda mujer resultó ser inferior, débil, insegura y servicial. Adán se aprovechaba de ella y aprendió lo que era el deseo —recordemos que ya existía el deseo—, aunque era un deseo nocivo y cruel. Dios, dándose cuenta de esto, liberó a la segunda mujer, castigó a Adán y lo mandó a dormir. Pensando que en el centro debía estar la virtud, tomó un pedazo intermedio y próximo al corazón: una costilla. 
Entonces nació la tercera mujer, que era inteligente, atractiva, justa e independiente. Gracias a ella Adán aprendió lo que era el amor, y por lo tanto la vida —recordemos que ya existía la vida—, y lloró como un niño atravesado por las cuatro heridas. Dios contempló su obra satisfecho, dijo por vez primera aquello de que a la tercera va la vencida, y aprendió lo que era la igualdad, que se convirtió en la quinta herida que el ser humano necesitaba. 



"Dios no hizo a la mujer de un hueso de la cabeza del hombre para que estuviera encima de él, ni de un hueso del pie para que estuviera debajo de él; la formó de la costilla para que estuviera a su lado y cerca de su corazón".
Pensamiento judío.


Comentarios

  1. Una mujer que nos ame y dos que nos duelan con todas las intenciones de sus huesos.

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  2. Luego tienes que explicar en qué consiste esa "Biblia profana" con la que has etiquetado el texto y si este micro es el principio de una serie. Me gusta el texto, especialmente el ritmo que imprimen las acotaciones y todo lo que subyace en él.
    Saludos.

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